Sindo Garay: Cuba en una guitarra

Se cumplen 154 años del natalicio de un trovador que aún continúa asombrando al mundo. Conoció a José Martí y también a Fidel Castro. Su vida y música fue para unir eslabones, y perdurar.

“Quien fuera Ruiseñor

Quien fuera Lennon y Mc Cartney,

Sindo Garay,… Violeta,… Chico Buarque…

Quien fuera tu trovador, corazón…”

Y encontramos a Silvio Rodríguez sembrando la inquietud y la curiosidad, además de la poesía y la conciencia. Porque resulta, paradojicamente, que el que necesita mas presentación de los nombrados en ese verso, es precisamente el mas importante en la obra trovadoresca de Silvio. De los dos integrantes de Los Beatles a los que se hace referencia, se sabe hasta el número del acta de nacimiento, y de Violeta, la de Chile, por lo menos se conoce su valentía y “Gracias a la vida” , por nombrar una de sus creaciones, y de Chico Buarque de Hollanda, de Brasil, por favor, que tanto la prosa como las posiciones de este hombre son, por fortuna, ampliamente divulgadas, no tanto como se quiere, pero divulgadas. Y el señor Gumersindo Garay, con ese nombre de proletario, ese es un perfecto desconocido. “Seguro que fue albañil y de puro guateque está en la historia de la música porque a los cubanos les da por ahí” dirán algunos. Y mientras tanto cualquier compositor y músico del Caribe, que se respete en tanto que vinculante de conciencia con historia, acude a la obra de Sindo Garay para por lo menos saber el por qué de la indiscutible gloria de este trovador.

Sindo

Su nombre era, y es evocado por diversos intérpretes, cercanos a la línea del Son. Carlos Emilio Landaeta, “Pan con queso”, fundador del venezolano Sonero Clásico del Caribe solía nombrarlo como ejemplo de música bien hecha en la linea del son. Por su parte Silvio Rodríguez jamás ocultó su admiración por la obra de Garay. ”Puede ser que a muchos les guste mas Manuel Corona en lo que a la Trova Tradicional se refiere. Yo respeto ese gusto. Pero lo que soy yo me inclino mas por la obra de Sindo, porque si bien es cierto que su música es sumamente difícil de interpretar también es cierto que ella lleva implícita la innovación y una búsqueda que en él no cesó sino con su muerte” .Y lo que dijo lo dijo con vehemencia. En esa declaración Silvio aportó un dato no menor: La capacidad innovadora de Sindo.

Sin haber aprendido nunca a escribir una sola nota sobre el pentagrama, Antonio Gumersindo Garay y García poseyó siempre un inmenso caudal armónico, el cual plasmaba en sus obras como el mas versado músico en la práctica de la armonía.

Compositor de canciones y boleros, incursionó en el Lied tan felizmente como Shubert y con la misma solvencia, pero con mas méritos.

Para comenzar a entender la grandeza de Sindo, habrá que detenerse un poco en este asunto del Lied, inicialmente un movimiento romántico de comienzos del siglo XIX en Alemania, que tuvo gran influencia en la canción de ese país. Lied significa canción pero no se aplica en términos generales sino a la canción alemana de 1780 en adelante, etapa fuerte de la poesía romántica, del perfeccionamiento del piano y del trabajo profundo con la armonía.

Franz Shubert fue grande en el campo del Lied. Canciones pequeñas, largas, algunas recurrentes en las estrofas y otras cambiando la melodía. Algunas con acompañamiento muy simple y otras con acompañamiento muy complicado y armonías deslumbrantes. Unas líricas y otras dramáticas. En el interés de los cultores del Lied estaba la melodía, pero mas lo estaba la armonía y a todo esto debe agregarse el temperamento nacional que les dieron según el país donde se compusieran luego de su creación en Alemania.

Sindo Garay, como Shubert, perteneció a un movimiento. Shubert al romántico, Garay al de la Trova Madre. Shubert estudió música. Garay no tuvo nunca la idea de lo que era escribir. Shubert es reconocido como el gran padre del Lied alemán. Garay, sin saber nada de Shubert ni del Lied emuló a lo grande ese campo de innovación armónica.

La genialidad de Sindo Garay en la armonía sorprendió gratamente a mas de uno. Nadie hasta ahora ha podido dar una explicación de la obra garaysiana, tan perfectamente realizada por quien siempre fue un profano en la música, teniendo la osadía, además, de numerar sus obras, al estilo de los grandes clásicos otorgándoles el genérico de “Sindadas”.

Siempre hubo asombro de que Sindo, sin saber una sola nota musical hiciera lo que hizo y, sobre todo, que diera el salto que lo adelantó a su tiempo.

El maestro Andrés Segovia señalaba, en 1950 :” Este hombre jamás se equivoca al colocar un bajo. Su armonización es sencillamente perfecta”.

Si la aseveración de Segovia no convenciera, están escritas las palabras del compositor mexicano Manuel Ponce, el autor de “Estrellita”, quien reflexionaba de este modo:

“¿Por qué ese espíritu inculto, casi silvestre, sin el caudal de conocimiento indispensable para producir obras artísticas puede crear melodías bellas y armonizaciones perfectas? ¿De qué lejanas regiones recibirá la luz de la inspiración, que los dedos del rapsoda traducen en el instrumento amado de Berlioz?. Un teósofo opinaría que ese espíritu refinado y exquisito en anteriores existencias habría alcanzado un alto grado de perfección musical. ¡Quien sabe! El hecho indudable es que Sindo Garay ignorando hasta las mas rudimentarias nociones de armonía, armoniza sus canciones correctamente, empleando acordes y modulaciones que sólo emplearía un músico familiarizado con los secretos del contrapunto y la armonía de los románticos del siglo pasado”.

El maestro Ernesto Lecuona cuando lo escuchaba exclamaba asombrado: “¿Cómo puede escribir estas cosas Sindo sin haber estudiado música? Y Silvio Rodríguez decía: “Vaya que no es fácil interpretarlo. Su armonización es tan distinta de las demás, los registros graves de su voz son tan hermosos, su obra es tan perfecta que es un dolor de cabeza plantearse cantar sus temas”. Federico García Lorca lo calificó como El Gran Faraón de Cuba, y por su parte el investigador cubano radicado en Puerto Rico, Cristóbal Díaz Ayala escribe en su libro “Del Areito a la Nueva trova”: Hay que ser, por ejemplo, Toña La Negra para no perderse en la segunda parte de ‘La tarde’, ‘Perla marina’ hay que calarla hondo y ser un Barbarito Diez o las hermanas Martí para decirla…”.

Es decir, no cualquiera se mete con la obra de este genio de la música popular al que ciertamente Daniel Santos dedicó su temazo “El que canta”.

La infancia

Antonio Gumersindo Garay y García nació el 12 de Abril de 1867 en Santiago de Cuba, “ por allá por donde nace el sol” como él mismo solía decir. Por supuesto, nació en el seno de una familia muy pobre, pero bien particular. En su sangre estaban los vascos ya que el abuelo paterno lo era, y tenía por nombre Gumersindo Garay, como el hijo, como el nieto, como el bisnieto…

En ese particular hogar siempre estaba sonando una guitarra, y siempre había cantos. La madre y el padre de Sindo tocaban guitarra y cantaban. Cada uno tenía su instrumento. Nunca faltaba el café para los trovadores que iban a “descargar” junto al padre de Sindo. La casa donde nació se encontraba al lado de la fábrica de ron Bacardí, donde ahora se hacen el “Paticruzao” y el “Havana Club”. El lugar sigue siendo señalado por los viejos trovadores a los amigos que les visitan en Santiago.

El padre de Sindo era el vigilante nocturno de la fábrica de ron, y por eso don Facundo Bacardí le dió el rancho para que viviera.

Con el tiempo, cuando la fábrica creció tuvieron que mudarse, en la misma calle, pero un poco mas arriba, en Matadero , entre Providencia y Santa Isabel.

El padre de Sindo se llamaba Gumersindo, y la madre, Dolores. De esa unión nacieron América y Sindo aunque el padre tenía otros dos hijos de un anterior matrimonio. En el hogar pululaban las ideas revolucionarias y el padre de Sindo amparaba y ayudaba como podía a los mambises en su lucha por independizar a Cuba de España. De allí parece haber aprendido Sindo Garay el amor a la tierra y el concepto de patria, el cual no dejaría jamás.

Mientras en su casa se sobrevivía y se ayudaba a los mambises, Sindo se dedicaba a hacer maromas por el pueblo. El arte del circo prendió en él mas rápido que la lectura y la escritura porque se fugaba de la escuela para hacer reír a los demás. Sin embargo cuando le tocó hacer de correo clandestino para los Maceo y los mambises en general, no lo dudó ni un instante. Con el tiempo sabría que tanto Pepe Sánchez, el autor del primer bolero americano, como la mayoría de los trovadores de entonces eran revolucionarios.

Fue la guitarra de Pepe Sánchez la que cogió por primera vez en su vida Sindo Garay para darse cuenta, a los ocho años de edad que la música iba a ser su razón de existir.

Teniendo como único maestro a Pepe Sánchez y alternando la guitarra con la acrobacia fue creciendo Sindo Garay. Había abandonado la escuela. No sabía leer ni escribir. Era el asombro de los músicos y la gracia del pueblo. Así, tan sencillamente como llevaba la vida le llegó, a los 16 años, el amor. Y cuando Magdalena, que así se llamaba la muchacha, le envió las primeras cartas, se encontró Sindo sin poder leerlas. Se juró a él mismo que las contestaría y en tiempo récord se autoalfabetizó preguntando en las calles las letras, y copiándolas. Magdalena recibió respuestas.

En cuanto a su participación en la Guerra de Independencia Sindo Garay llegó a cruzar 14 veces nadando la hermosa y extensa Bahía de Santiago transportando documentación clandestina para los Maceo. Y siempre relató con mucho orgullo que llegó a estrechar la mano de José Martí en República Dominicana pocos meses antes de que El Apóstol cayera en Dos Ríos.

Con un circo que llegó a Santiago se embarcó Sindo Garay para Haití. Era “ahí mismito” frente a las costas cubanas, por el este. De Haití , a causa del fracaso del circo, y por el hambre, se fue enseguida para la República Dominicana. Sería en Dajabón, al norte de Quisqueya, pegadito de Haití, donde conocería a Martí en 1895. Se dedicó a la talabartería, oficio que había aprendido con su hermano paterno en Santiago y siguió con la música. Y fue en otro Santiago, pero de Los Caballeros donde conoció a su gran amor, María Petronila Reyes, la madre de sus hijos. Con ella regresaría a Santiago de Cuba, a iniciar otra etapa de su vida, tal y como Cuba iniciaba la del oprobioso protectorado estadounidense a raíz de la Enmienda Platt.

La protesta

Uno de los detalles de la vida de Sindo que atrae mucho a Silvio Rodríguez es el de su vinculación a la canción política. “Este hombre jamás tuvo miedo y cuando padeció la penetración yanqui en Cuba dedicó sus esfuerzos a componer en contra de los gringos y a cantar bien alto todos esos temas. Nunca se amilanó. Era de la resistencia”.

Y, ciertamente, la obra de Sindo Garay a comienzos de siglo está llena de temas patrióticos como “No se puede vivir aquí” y “Tratado de Paz”.

Seguía en Santiago de Cuba, pero un día cogió una tremenda borrachera cuando cantaba en un barco anclado en la bahía. Cuando despertó estaba prácticamente en La Habana. Era 1903. Así conoció la capital cubana. Le gustó. Mandó a buscar a sus hijos y a su mujer. Y se quedó. Pero no le fue bien. Optó por regresar a Santiago. El periplo Habana- Santiago lo cubriría infinidad de veces a lo largo de su larga vida.

La etapa que va de 1906 a 1918 tiene muchos altos y bajos para Sindo Garay. Se sabe que pasa una muy mala racha en La Habana, y que en momentos críticos lo salvó la solidaridad del maestro Antonio María Romeu; se sabe que su mujer, quien ya había parido a Anacaona y Caonao lo abandona, dejándolo con los tres hijos mayores y llevándose ella a los dos pequeños. María Petronila regresaría a Cuba solo para morir al lado de sus hijos, y ni eso pudo. Se cuenta que únicamente Hatuey, el tercero, caminó solo detrás del féretro de su madre, sepultada en un cajón de pobres en Santiago. Sindo estaba en La Habana y no llegó para el entierro. Quedaron cinco hijos de esa unión, (todos con nombres indígenas). Se sabe también que comienza a cantar acompañado de sus tres hijos mayores para ganarse la vida. Con Guarionex establece lo que se sigue considerando el dúo mas perfecto de la historia musical de Cuba. Viaja a Puerto Rico donde ya se conocen sus temas “La tarde” y “Perla marina”. Recorre toda Cuba, dedicado al espíritu de la controversia, suerte de contrapunteo entre los cantadores populares. Ya ha coqueteado con la guaracha, ha cultivado la Criolla, las rumbas no escapan a su ojo musical y se ha metido con el Bambuco, al que en Cuba llamaban “colombiana” en honor a su país de origen.

Era 1918 el año en que Sindo Garay llegó a Bayamo. La hoy llamada “Ciudad Museo” de Cuba está muy cerca del Mar Caribe, al sur de la isla. Tien

Si a tantos años esa visión sobrecoge, no es difícil imaginar al sensitivo hombre de Santiago de Cuba sentarse frente a una de las paredes, en un patio, y al aire libre a escribir su mas inmortal pieza¨”La Bayamesa”, considerada el segundo himno de Cuba.

La escribió de un solo tirón en un papel de trazas. La música surgió paralelamente. “La Bayamesa” se popularizó en Bayamo inmediatamente, a pesar que de fuera estrenada por Garay y sus hijos en el teatro de la ciudad, con solo dos espectadores como testigos. Sin embargo, casi enseguida se conoció en Cuba y el Caribe.

Después de escribir “La Bayamesa” Sindo continuó como hasta entonces, pasando penurias y cantando a dúo con su hijo Guarionex. Cuba comenzaba a hervir otra vez con las ideas de liberación y Sindo se asoció a ellas. De 1924 es un pequeño gran tema suyo, “La vergüenza”:

“Si en esta tierra se vendiera

la vergüenza

cuántos que no la tienen,

comprar quisieran;

como no se vende, porque

no se puede,

y que nadie tiene

mas difícil que comprarla

es nacer con ella”

Asistió al nacimiento de la radio en Cuba y con entusiasmo se incorporó a ella. Y en 1928 viajó a Francia como parte del elenco de Rita Montaner. Como dato curioso e importante hay que señalar que Sindo Garay nunca abordó en su obra los motivos afro o negros. Lo de él era la canción y el bolero. Sin embargo, su único tema afro lo compuso en Francia para Rita. Le dio por título “Lupisamba e Yucañame”. Regresaría ese mismo año a La Habana para seguir recorriendo su país, componiendo y cantando.

La Bohemia ya comenzaba a marcar su vida. Sus hijos Guarionex, Guarina, Hatuey, Anacaona y Caonao trataban de preservarlo, acompañándolo siempre, sobre todo Guarionex y registrando enseguida todo lo que el padre componía. Solo así se salvó la obra de Sindo quien, como muchos autores, no se ocupó nunca de hacer registro alguno de sus temas. La historia le debe a Amado Trinidad Velazco, el dueño de la emisora RHC, Radio Cadena Azul, el hecho de que la mayoría de la obra de Garay se haya preservado. Amado Trinidad, en 1946 le propuso a Sindo, quien tenían un programa nocturno en la emisora, que grabara sus temas, y puso a su disposición el estudio de grabación de donde salieron las placas radiales que hoy son auténtico documento musical cubano.

e tantos sitios históricos y plazas hermosas que los pobladores han mantenido la tradición de hacer esos recorridos en Coche tirado por caballos. Bayamo es la ciudad que quemaron sus mujeres para impedir que los españoles la tomaran mientras los hombres estaban en los campos, peleando.

A pesar de haber ganado mucho dinero por su trabajo, sobre todo debido a las propinas que le daban algunos acaudalados que admiraban su obra, Sindo Garay vivió en pobreza, por lo dado a la bohemia que era. Es cierto que la Cuba del Machadato no protegió la cultura y combatió fieramente a los trovadores populares opuestos al gobierno, pero Sindo Garay vivió, conforme a su filosofía personal, muy al día. Solía decir que como no sabía cuando le llegaba “la pelona” era mejor gastar diariamente lo que diariamente ganaba. En muchas oportunidades vivió de la caridad de los amigos, quienes lo cobijaron y le dieron comida, comprensivos de su manera de ser, y aupadores de su obra, que seguía creciendo silvestre y libertaria. Sería luego de 1959, con la ceguera llegando a su vida cuando Sindo Garay disfrutaría de las bondades de la revolución socialista de su país.

Para 1960 la medicina cubana le devuelve la vista y entonces Sindo Garay vuelve a su Santiago natal. En 1961 el Estado cubano le obsequia una muy decente casa en El Vedado, La Habana y así regresa con su familia a la capital cubana. En la sala de esta residencia monta su museo particular y habilita en uno de los cuartos un taller para seguir trabajando. Tiene 94 años. Sus hijos se encargan de sacarlo a pasear y de llevarlo a diferentes actos y tertulias. En uno de estos actos conoció a Fidel Castro. El detalle es importante porque Sindo había conocido también a Martí. Es decir, a las dos puntas del proceso político y social contemporáneo de Cuba. Cuando cumplió los 100 años declaró que se daba cuenta en ese momento de lo breve que era la vida.

El 3 de mayo de 1964 sufrió una caída mientras estaba en su casa. 4 años mas tarde fue ingresado al hospital “Comandante Piti Fajardo” de La Habana debido a una neoplasia del cólon. Fue intervenido quirúgicamente y solo sobrevivió una semana a esa operación.

Falleció el 17 de julio de 1968 a las 8:30 de la mañana. Cuba perdía a su mas grande trovador. La Habana le rindió honores ese día, y al siguiente su cadáver fue trasladado a su Santiago natal. En Santiago se habían preparado actos en su honor debido al Festival de la Trova, pero llegó cadáver. Desde ese momento solo se interpretó música de Sindo en el evento. Luego de los honores que pueblo y gobierno le rindieron en Santiago, fue trasladado a Bayamo para dar cumplimiento a su última voluntad. El cortejo recorrió el camino tantas veces andado por el trovador con sus hijos y su guitarra, y en las alturas de los montes, con el Turquino presidiendo el paisaje, “La Bayamesa” sonó mas hermosa que nunca. Todos los coches tirados por caballos de la Ciudad Monumento recibieron a Sindo para acompañarlo a su última morada, esa que quería con forma de guitarra.

La obra

De las mas de 300 obras conocidas de Sindo Garay, 86 se conservan grabadas en su voz, en las placas que Amado Trinidad hizo grabar en la Radio Cadena Azul. Hoy reposan esos documentos auditivos en el archivo del Seminario de Música Popular del Ministerio de Cultura de Cuba.

El desaparecido Odilio Urfé y la coordinadora de la Casa de la Trova Santiaguera, Luisa Blanco, cada uno en su momento aportaron datos de Sindo, pistas y opiniones. Son invalorables los aportes de la escritora y musicóloga Carmela de León, quien ha desarrollado una intensa investigación en torno a Sindo Garay, su época y su obra. Carmela de León estuvo durante mas de dos décadas trabajando la biografía de Garay. Le entrevistó en largas sesiones durante muchas jornadas y recopiló los testimonios que confirmaron la veracidad de los relatos de Sindo Garay. “Memorias de un Trovador” fue editado por la Editorial Letras Cubanas en 1990.

Se cumplen 154 años del natalicio de un trovador que aún continúa asombrando al mundo. Conoció a José Martí y también a Fidel Castro. Su vida y música fue para unir eslabones, y perdurar.

“Quien fuera Ruiseñor

Quien fuera Lennon y Mc Cartney,

Sindo Garay,… Violeta,… Chico Buarque…

Quien fuera tu trovador, corazón…”

Y encontramos a Silvio Rodríguez sembrando la inquietud y la curiosidad, además de la poesía y la conciencia. Porque resulta, paradojicamente, que el que necesita mas presentación de los nombrados en ese verso, es precisamente el mas importante en la obra trovadoresca de Silvio. De los dos integrantes de Los Beatles a los que se hace referencia, se sabe hasta el número del acta de nacimiento, y de Violeta, la de Chile, por lo menos se conoce su valentía y “Gracias a la vida” , por nombrar una de sus creaciones, y de Chico Buarque de Hollanda, de Brasil, por favor, que tanto la prosa como las posiciones de este hombre son, por fortuna, ampliamente divulgadas, no tanto como se quiere, pero divulgadas. Y el señor Gumersindo Garay, con ese nombre de proletario, ese es un perfecto desconocido. “Seguro que fue albañil y de puro guateque está en la historia de la música porque a los cubanos les da por ahí” dirán algunos. Y mientras tanto cualquier compositor y músico del Caribe, que se respete en tanto que vinculante de conciencia con historia, acude a la obra de Sindo Garay para por lo menos saber el por qué de la indiscutible gloria de este trovador.

Sindo

Su nombre era, y es evocado por diversos intérpretes, cercanos a la línea del Son. Carlos Emilio Landaeta, “Pan con queso”, fundador del venezolano Sonero Clásico del Caribe solía nombrarlo como ejemplo de música bien hecha en la linea del son. Por su parte Silvio Rodríguez jamás ocultó su admiración por la obra de Garay. ”Puede ser que a muchos les guste mas Manuel Corona en lo que a la Trova Tradicional se refiere. Yo respeto ese gusto. Pero lo que soy yo me inclino mas por la obra de Sindo, porque si bien es cierto que su música es sumamente difícil de interpretar también es cierto que ella lleva implícita la innovación y una búsqueda que en él no cesó sino con su muerte” .Y lo que dijo lo dijo con vehemencia. En esa declaración Silvio aportó un dato no menor: La capacidad innovadora de Sindo.

Sin haber aprendido nunca a escribir una sola nota sobre el pentagrama, Antonio Gumersindo Garay y García poseyó siempre un inmenso caudal armónico, el cual plasmaba en sus obras como el mas versado músico en la práctica de la armonía.

Fuente: Archivo de Internet

Compositor de canciones y boleros, incursionó en el Lied tan felizmente como Shubert y con la misma solvencia, pero con mas méritos.

Para comenzar a entender la grandeza de Sindo, habrá que detenerse un poco en este asunto del Lied, inicialmente un movimiento romántico de comienzos del siglo XIX en Alemania, que tuvo gran influencia en la canción de ese país. Lied significa canción pero no se aplica en términos generales sino a la canción alemana de 1780 en adelante, etapa fuerte de la poesía romántica, del perfeccionamiento del piano y del trabajo profundo con la armonía.

Franz Shubert fue grande en el campo del Lied. Canciones pequeñas, largas, algunas recurrentes en las estrofas y otras cambiando la melodía. Algunas con acompañamiento muy simple y otras con acompañamiento muy complicado y armonías deslumbrantes. Unas líricas y otras dramáticas. En el interés de los cultores del Lied estaba la melodía, pero mas lo estaba la armonía y a todo esto debe agregarse el temperamento nacional que les dieron según el país donde se compusieran luego de su creación en Alemania.

Sindo Garay, como Shubert, perteneció a un movimiento. Shubert al romántico, Garay al de la Trova Madre. Shubert estudió música. Garay no tuvo nunca la idea de lo que era escribir. Shubert es reconocido como el gran padre del Lied alemán. Garay, sin saber nada de Shubert ni del Lied emuló a lo grande ese campo de innovación armónica.

La genialidad de Sindo Garay en la armonía sorprendió gratamente a mas de uno. Nadie hasta ahora ha podido dar una explicación de la obra garaysiana, tan perfectamente realizada por quien siempre fue un profano en la música, teniendo la osadía, además, de numerar sus obras, al estilo de los grandes clásicos otorgándoles el genérico de “Sindadas”.

Siempre hubo asombro de que Sindo, sin saber una sola nota musical hiciera lo que hizo y, sobre todo, que diera el salto que lo adelantó a su tiempo.

El maestro Andrés Segovia señalaba, en 1950 :” Este hombre jamás se equivoca al colocar un bajo. Su armonización es sencillamente perfecta”.

Si la aseveración de Segovia no convenciera, están escritas las palabras del compositor mexicano Manuel Ponce, el autor de “Estrellita”, quien reflexionaba de este modo:

“¿Por qué ese espíritu inculto, casi silvestre, sin el caudal de conocimiento indispensable para producir obras artísticas puede crear melodías bellas y armonizaciones perfectas? ¿De qué lejanas regiones recibirá la luz de la inspiración, que los dedos del rapsoda traducen en el instrumento amado de Berlioz?. Un teósofo opinaría que ese espíritu refinado y exquisito en anteriores existencias habría alcanzado un alto grado de perfección musical. ¡Quien sabe! El hecho indudable es que Sindo Garay ignorando hasta las mas rudimentarias nociones de armonía, armoniza sus canciones correctamente, empleando acordes y modulaciones que sólo emplearía un músico familiarizado con los secretos del contrapunto y la armonía de los románticos del siglo pasado”.

El maestro Ernesto Lecuona cuando lo escuchaba exclamaba asombrado: “¿Cómo puede escribir estas cosas Sindo sin haber estudiado música? Y Silvio Rodríguez decía: “Vaya que no es fácil interpretarlo. Su armonización es tan distinta de las demás, los registros graves de su voz son tan hermosos, su obra es tan perfecta que es un dolor de cabeza plantearse cantar sus temas”. Federico García Lorca lo calificó como El Gran Faraón de Cuba, y por su parte el investigador cubano radicado en Puerto Rico, Cristóbal Díaz Ayala escribe en su libro “Del Areito a la Nueva trova”: Hay que ser, por ejemplo, Toña La Negra para no perderse en la segunda parte de ‘La tarde’, ‘Perla marina’ hay que calarla hondo y ser un Barbarito Diez o las hermanas Martí para decirla…”.

Es decir, no cualquiera se mete con la obra de este genio de la música popular al que ciertamente Daniel Santos dedicó su temazo “El que canta”.

La infancia

Antonio Gumersindo Garay y García nació el 12 de Abril de 1867 en Santiago de Cuba, “ por allá por donde nace el sol” como él mismo solía decir. Por supuesto, nació en el seno de una familia muy pobre, pero bien particular. En su sangre estaban los vascos ya que el abuelo paterno lo era, y tenía por nombre Gumersindo Garay, como el hijo, como el nieto, como el bisnieto…

En ese particular hogar siempre estaba sonando una guitarra, y siempre había cantos. La madre y el padre de Sindo tocaban guitarra y cantaban. Cada uno tenía su instrumento. Nunca faltaba el café para los trovadores que iban a “descargar” junto al padre de Sindo. La casa donde nació se encontraba al lado de la fábrica de ron Bacardí, donde ahora se hacen el “Paticruzao” y el “Havana Club”. El lugar sigue siendo señalado por los viejos trovadores a los amigos que les visitan en Santiago.

El padre de Sindo era el vigilante nocturno de la fábrica de ron, y por eso don Facundo Bacardí le dió el rancho para que viviera.

Con el tiempo, cuando la fábrica creció tuvieron que mudarse, en la misma calle, pero un poco mas arriba, en Matadero , entre Providencia y Santa Isabel.

El padre de Sindo se llamaba Gumersindo, y la madre, Dolores. De esa unión nacieron América y Sindo aunque el padre tenía otros dos hijos de un anterior matrimonio. En el hogar pululaban las ideas revolucionarias y el padre de Sindo amparaba y ayudaba como podía a los mambises en su lucha por independizar a Cuba de España. De allí parece haber aprendido Sindo Garay el amor a la tierra y el concepto de patria, el cual no dejaría jamás.

Mientras en su casa se sobrevivía y se ayudaba a los mambises, Sindo se dedicaba a hacer maromas por el pueblo. El arte del circo prendió en él mas rápido que la lectura y la escritura porque se fugaba de la escuela para hacer reír a los demás. Sin embargo cuando le tocó hacer de correo clandestino para los Maceo y los mambises en general, no lo dudó ni un instante. Con el tiempo sabría que tanto Pepe Sánchez, el autor del primer bolero americano, como la mayoría de los trovadores de entonces eran revolucionarios.

Fue la guitarra de Pepe Sánchez la que cogió por primera vez en su vida Sindo Garay para darse cuenta, a los ocho años de edad que la música iba a ser su razón de existir.

Teniendo como único maestro a Pepe Sánchez y alternando la guitarra con la acrobacia fue creciendo Sindo Garay. Había abandonado la escuela. No sabía leer ni escribir. Era el asombro de los músicos y la gracia del pueblo. Así, tan sencillamente como llevaba la vida le llegó, a los 16 años, el amor. Y cuando Magdalena, que así se llamaba la muchacha, le envió las primeras cartas, se encontró Sindo sin poder leerlas. Se juró a él mismo que las contestaría y en tiempo récord se autoalfabetizó preguntando en las calles las letras, y copiándolas. Magdalena recibió respuestas.

En cuanto a su participación en la Guerra de Independencia Sindo Garay llegó a cruzar 14 veces nadando la hermosa y extensa Bahía de Santiago transportando documentación clandestina para los Maceo. Y siempre relató con mucho orgullo que llegó a estrechar la mano de José Martí en República Dominicana pocos meses antes de que El Apóstol cayera en Dos Ríos.

Con un circo que llegó a Santiago se embarcó Sindo Garay para Haití. Era “ahí mismito” frente a las costas cubanas, por el este. De Haití , a causa del fracaso del circo, y por el hambre, se fue enseguida para la República Dominicana. Sería en Dajabón, al norte de Quisqueya, pegadito de Haití, donde conocería a Martí en 1895. Se dedicó a la talabartería, oficio que había aprendido con su hermano paterno en Santiago y siguió con la música. Y fue en otro Santiago, pero de Los Caballeros donde conoció a su gran amor, María Petronila Reyes, la madre de sus hijos. Con ella regresaría a Santiago de Cuba, a iniciar otra etapa de su vida, tal y como Cuba iniciaba la del oprobioso protectorado estadounidense a raíz de la Enmienda Platt.

La protesta

Uno de los detalles de la vida de Sindo que atrae mucho a Silvio Rodríguez es el de su vinculación a la canción política. “Este hombre jamás tuvo miedo y cuando padeció la penetración yanqui en Cuba dedicó sus esfuerzos a componer en contra de los gringos y a cantar bien alto todos esos temas. Nunca se amilanó. Era de la resistencia”.

Y, ciertamente, la obra de Sindo Garay a comienzos de siglo está llena de temas patrióticos como “No se puede vivir aquí” y “Tratado de Paz”.

Seguía en Santiago de Cuba, pero un día cogió una tremenda borrachera cuando cantaba en un barco anclado en la bahía. Cuando despertó estaba prácticamente en La Habana. Era 1903. Así conoció la capital cubana. Le gustó. Mandó a buscar a sus hijos y a su mujer. Y se quedó. Pero no le fue bien. Optó por regresar a Santiago. El periplo Habana- Santiago lo cubriría infinidad de veces a lo largo de su larga vida.

La etapa que va de 1906 a 1918 tiene muchos altos y bajos para Sindo Garay. Se sabe que pasa una muy mala racha en La Habana, y que en momentos críticos lo salvó la solidaridad del maestro Antonio María Romeu; se sabe que su mujer, quien ya había parido a Anacaona y Caonao lo abandona, dejándolo con los tres hijos mayores y llevándose ella a los dos pequeños. María Petronila regresaría a Cuba solo para morir al lado de sus hijos, y ni eso pudo. Se cuenta que únicamente Hatuey, el tercero, caminó solo detrás del féretro de su madre, sepultada en un cajón de pobres en Santiago. Sindo estaba en La Habana y no llegó para el entierro. Quedaron cinco hijos de esa unión, (todos con nombres indígenas). Se sabe también que comienza a cantar acompañado de sus tres hijos mayores para ganarse la vida. Con Guarionex establece lo que se sigue considerando el dúo mas perfecto de la historia musical de Cuba. Viaja a Puerto Rico donde ya se conocen sus temas “La tarde” y “Perla marina”. Recorre toda Cuba, dedicado al espíritu de la controversia, suerte de contrapunteo entre los cantadores populares. Ya ha coqueteado con la guaracha, ha cultivado la Criolla, las rumbas no escapan a su ojo musical y se ha metido con el Bambuco, al que en Cuba llamaban “colombiana” en honor a su país de origen.

Era 1918 el año en que Sindo Garay llegó a Bayamo. La hoy llamada “Ciudad Museo” de Cuba está muy cerca del Mar Caribe, al sur de la isla. Tiene tantos sitios históricos y plazas hermosas que los pobladores han mantenido la tradición de hacer esos recorridos en Coche tirado por caballos. Bayamo es la ciudad que quemaron sus mujeres para impedir que los españoles la tomaran mientras los hombres estaban en los campos, peleando.

Si a tantos años esa visión sobrecoge, no es difícil imaginar al sensitivo hombre de Santiago de Cuba sentarse frente a una de las paredes, en un patio, y al aire libre a escribir su mas inmortal pieza¨”La Bayamesa”, considerada el segundo himno de Cuba.

La escribió de un solo tirón en un papel de trazas. La música surgió paralelamente. “La Bayamesa” se popularizó en Bayamo inmediatamente, a pesar que de fuera estrenada por Garay y sus hijos en el teatro de la ciudad, con solo dos espectadores como testigos. Sin embargo, casi enseguida se conoció en Cuba y el Caribe.

Después de escribir “La Bayamesa” Sindo continuó como hasta entonces, pasando penurias y cantando a dúo con su hijo Guarionex. Cuba comenzaba a hervir otra vez con las ideas de liberación y Sindo se asoció a ellas. De 1924 es un pequeño gran tema suyo, “La vergüenza”:

“Si en esta tierra se vendiera

la vergüenza

cuántos que no la tienen,

comprar quisieran;

como no se vende, porque

no se puede,

y que nadie tiene

mas difícil que comprarla

es nacer con ella”

Asistió al nacimiento de la radio en Cuba y con entusiasmo se incorporó a ella. Y en 1928 viajó a Francia como parte del elenco de Rita Montaner. Como dato curioso e importante hay que señalar que Sindo Garay nunca abordó en su obra los motivos afro o negros. Lo de él era la canción y el bolero. Sin embargo, su único tema afro lo compuso en Francia para Rita. Le dio por título “Lupisamba e Yucañame”. Regresaría ese mismo año a La Habana para seguir recorriendo su país, componiendo y cantando.

La Bohemia ya comenzaba a marcar su vida. Sus hijos Guarionex, Guarina, Hatuey, Anacaona y Caonao trataban de preservarlo, acompañándolo siempre, sobre todo Guarionex y registrando enseguida todo lo que el padre componía. Solo así se salvó la obra de Sindo quien, como muchos autores, no se ocupó nunca de hacer registro alguno de sus temas. La historia le debe a Amado Trinidad Velazco, el dueño de la emisora RHC, Radio Cadena Azul, el hecho de que la mayoría de la obra de Garay se haya preservado. Amado Trinidad, en 1946 le propuso a Sindo, quien tenían un programa nocturno en la emisora, que grabara sus temas, y puso a su disposición el estudio de grabación de donde salieron las placas radiales que hoy son auténtico documento musical cubano.

Fuente: Archivo de Internet

A pesar de haber ganado mucho dinero por su trabajo, sobre todo debido a las propinas que le daban algunos acaudalados que admiraban su obra, Sindo Garay vivió en pobreza, por lo dado a la bohemia que era. Es cierto que la Cuba del Machadato no protegió la cultura y combatió fieramente a los trovadores populares opuestos al gobierno, pero Sindo Garay vivió, conforme a su filosofía personal, muy al día. Solía decir que como no sabía cuando le llegaba “la pelona” era mejor gastar diariamente lo que diariamente ganaba. En muchas oportunidades vivió de la caridad de los amigos, quienes lo cobijaron y le dieron comida, comprensivos de su manera de ser, y aupadores de su obra, que seguía creciendo silvestre y libertaria. Sería luego de 1959, con la ceguera llegando a su vida cuando Sindo Garay disfrutaría de las bondades de la revolución socialista de su país.

Para 1960 la medicina cubana le devuelve la vista y entonces Sindo Garay vuelve a su Santiago natal. En 1961 el Estado cubano le obsequia una muy decente casa en El Vedado, La Habana y así regresa con su familia a la capital cubana. En la sala de esta residencia monta su museo particular y habilita en uno de los cuartos un taller para seguir trabajando. Tiene 94 años. Sus hijos se encargan de sacarlo a pasear y de llevarlo a diferentes actos y tertulias. En uno de estos actos conoció a Fidel Castro. El detalle es importante porque Sindo había conocido también a Martí. Es decir, a las dos puntas del proceso político y social contemporáneo de Cuba. Cuando cumplió los 100 años declaró que se daba cuenta en ese momento de lo breve que era la vida.

El 3 de mayo de 1964 sufrió una caída mientras estaba en su casa. 4 años mas tarde fue ingresado al hospital “Comandante Piti Fajardo” de La Habana debido a una neoplasia del cólon. Fue intervenido quirúgicamente y solo sobrevivió una semana a esa operación.

Falleció el 17 de julio de 1968 a las 8:30 de la mañana. Cuba perdía a su mas grande trovador. La Habana le rindió honores ese día, y al siguiente su cadáver fue trasladado a su Santiago natal. En Santiago se habían preparado actos en su honor debido al Festival de la Trova, pero llegó cadáver. Desde ese momento solo se interpretó música de Sindo en el evento. Luego de los honores que pueblo y gobierno le rindieron en Santiago, fue trasladado a Bayamo para dar cumplimiento a su última voluntad. El cortejo recorrió el camino tantas veces andado por el trovador con sus hijos y su guitarra, y en las alturas de los montes, con el Turquino presidiendo el paisaje, “La Bayamesa” sonó mas hermosa que nunca. Todos los coches tirados por caballos de la Ciudad Monumento recibieron a Sindo para acompañarlo a su última morada, esa que quería con forma de guitarra.

La obra

De las mas de 300 obras conocidas de Sindo Garay, 86 se conservan grabadas en su voz, en las placas que Amado Trinidad hizo grabar en la Radio Cadena Azul. Hoy reposan esos documentos auditivos en el archivo del Seminario de Música Popular del Ministerio de Cultura de Cuba.

El desaparecido Odilio Urfé y la coordinadora de la Casa de la Trova Santiaguera, Luisa Blanco, cada uno en su momento aportaron datos de Sindo, pistas y opiniones. Son invalorables los aportes de la escritora y musicóloga Carmela de León, quien ha desarrollado una intensa investigación en torno a Sindo Garay, su época y su obra. Carmela de León estuvo durante mas de dos décadas trabajando la biografía de Garay. Le entrevistó en largas sesiones durante muchas jornadas y recopiló los testimonios que confirmaron la veracidad de los relatos de Sindo Garay. “Memorias de un Trovador” fue editado por la Editorial Letras Cubanas en 1990.

Entre las más conocidas obras de Sindo Garay están:

Perla marina, La tarde, Mujer Bayamesa, La Vergüenza, Retorna, Germania, El huracán y la palma, Cualquier flor, entre otros temas.

Sindo fue evocado por Silvio Rodríguez no por un capricho sino por una necesidad, urgente, como son las necesidades.

Mirar la canción que se hace en estos tiempos es imperativo y es necesario mirar y sentir pensando en lo que esos viejos trovadores sintieron: La patria hecha música.

Fuente: Telesur

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